Qué significa tomar a los padres y por qué es tan importante.
- Carolina Bianco

- hace 6 días
- 3 Min. de lectura

La fuerza de la vida siempre viene de atrás.
En Constelaciones Familiares y en las BioConstelaciones, una de las frases más importantes (y también más malinterpretadas) es esta: “Tomar a los padres.”
Muchas personas creen que “tomar a los padres” significa aprobar lo que hicieron, justificarles, olvidar lo que dolió o negar lo que faltó. Pero no es eso. Tomar a los padres no es un acto emocional. Es un movimiento interno. Significa reconocer que la vida que tienes te llegó a través de ellos. Solo eso. Ni más, ni menos.
La vida es un río que viene de muy lejos.
Tus padres son el puente por el que llegó la vida hasta ti. Aunque hayan sido ausentes, duros, inmaduros, caóticos, fríos o incluso dañinos, lo cierto es que la vida (la fuerza vital, tu cuerpo, tu existencia) vino a través de ellos.

Tomar a los padres significa aceptar la fuente de dónde vienes. No es aceptar su comportamiento; es aceptar tu origen.
Cuando ese movimiento ocurre, algo cambia en lo más profundo de la persona:
• aparece fuerza
• aparece dirección
• desaparece la sensación de estar “peleada con la vida”
• se abre la capacidad de recibir
• mejora la autoestima
• la energía vital se ordena.
Porque la fuerza no está en el futuro: está detrás.
¿Qué pasa cuando no tomamos a los padres?
Cuando rechazamos a uno de los padres (o a ambos), aunque sea solo internamente, solemos sentir:
• falta de energía
• dificultad para avanzar
• bloqueos repetidos
• conflictos con la autoridad
• problemas en la pareja
• sensación de estar “atascada”
• miedo a la vida
• o una tristeza que no sabemos explicar.

Es lógico: no puedes caminar con fuerza hacia adelante si estás en lucha con la raíz de la que vienes. Rechazar a los padres es, simbólicamente, rechazar la vida.
Tomar a los padres no es perdonar… es ocupar tu lugar.
Cuando tomamos a los padres, no los convertimos en perfectos. No negamos lo que hicieron o dejaron de hacer. No justificamos su historia.
Lo que hacemos es algo mucho más profundo: dejamos de ocupar un lugar que no nos corresponde:
El lugar de juez.
El lugar de expiadora.
El lugar de salvadora.
El lugar de la niña que espera algo que ya no puede recibir.
Tomarlos significa:
• “Vosotros sois los grandes.”
• “Yo soy la pequeña.”
• “De aquí recibo la vida.”
• “Lo demás, lo dejo con vosotros.”
Ese movimiento interior reordena la psique y el cuerpo de una forma que ninguna explicación verbal consigue.
Tomar a los padres nos devuelve la propia vida.
Cuando una persona hace este movimiento:
• deja de repetir la vida de uno de ellos
• deja de rechazar características propias
• se libera de lealtades invisibles
• puede elegir pareja desde un lugar adulto
• y recupera un sentido de pertenencia profundo.
Porque la vida solo puede avanzar desde un lugar: cuando aceptamos la raíz.
Y aceptar no significa amar, ni estar de acuerdo, ni justificar. Significa asentir a lo que fue.
Decir internamente:
“Así fue. Y con esto, hago algo bueno para mi vida.”
Ese es el verdadero acto de fuerza.
Tomar a los padres no es un ejercicio intelectual… es un
movimiento del alma
En sesiones y encuentros, este movimiento suele sentirse más que entenderse.
El cuerpo responde, la respiración cambia, la mirada se suaviza. Porque en el fondo, tomar a los padres es reconciliarse con la propia existencia. Dejar de luchar contra lo inevitable.
Soltar la fantasía de otra infancia. Y abrirse a la vida tal como es y tal como llega.
Desde ahí, aparece algo precioso:
tu verdadera fuerza!




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